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Paseo alrededor de La Cartuja

Paseo alrededor de La Cartuja

Si llegáis a Valldemossa en transporte público, el bus os dejará en la Plaza Campdevànol y si llegáis en vehículo particular, sabed que disponéis de dos aparcamientos justo a la entrada del pueblo. Antes, sin embargo, visitad nuestra oficina de turismo Visitvalldemossa para recoger toda la información necesaria para efectuar la visita de una manera guiada y bien documentada. Allí os darán las claves de acceso al wifi gratuito, un mapa y toda la información necesaria. Encontraréis la oficina justo al lado del segundo aparcamiento.

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Nuestro paseo alrededor de la iglesia de la Cartuja comienza en la vía Blanquerna, calle principal de Valldemossa, que lleva dicho nombre en homenaje a Ramon Llull, beato iluminado, filósofo y literato que escribió, entre otras, una obra con este título.

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Esta zona con el continuo ir y venir de gente, es el centro neurálgico del pueblo; allí encontraréis el ayuntamiento, bares, restaurantes, pastelerías, souvenirs, talleres llenos de objetos de artesanía, bancos, museos… Es, en definitiva, un área donde podréis pasear cómodamente para realizar compras y disfrutar de un descanso en la terraza de una cafetería.

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En las diferentes tiendas a vuestra disposición, encontraréis una gran cantidad de objetos de artesanía originales de la tierra; entre estos, son célebres las baldosas pintadas con escenas de la vida de Santa Catalina Thomàs, que, como podréis observar, protagoniza la decoración de los portales. Las reputadas perlas, la cristalería artesanal de Lafiore o los célebres siurells (pieza de cerámica mitad hombre, mitad animal) son típicas compras. También son recurrentes los útiles de cocina de madera de olivo mallorquín, muy apreciados por los cocineros por su tacto y bello color, que os podréis llevar bien como recuerdo, o bien como eficaz utensilio para la cocina.

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En esta misma zona, el visitante gourmet podrá deleitarse con las panaderías-pastelerías-cafeterías. Éstas ofrecen producto salado, como la coca de trempó, coca de verdura, cocarrois y las típicas empanadas de carne o verduras. Los más golosos, disfrutarán sin duda de variedades, como los exquisitos cremadillos, gató de almendra y, como no podía ser menos, de las universales ensaimadas. Una parada obligada para quien nos visita es la histórica pastelería Can Molinas, fundada en 1920, elaboradores de la auténtica coca de patata, emblema dulce de Valldemossa, hechas con la genuina y exclusiva receta en poder de la familia propietaria de la pastelería. Os recomendamos, enn invierno, tomarla con un chocolate caliente, y en verano con una horchata de almendras. La sirven en todos los bares y restaurantes del pueblo.

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Al final de la calle principal, nuestro visitante llegara a la plaza Ramon Llull y, girando a su derecha, subirá por una cuesta. Desde allí mismo, podrá divisar ya la imponente imagen de la iglesia de la Cartuja. Una vez allí accederemos a la plaza en forma de escuadra.

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Entrando en ella, a mano derecha, atravesaremos la avenida de Los Tilos. El visitante puede disfrutar de un tiempo de reposo en su recorrido tomando asiento en sus bancos de piedra, bajo la sombra de los tilos y junto a la fuente de los deseos, donde el paseante podrá arrojar una moneda y formular un deseo.

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Saliendo de la plaza en dirección al Ayuntamiento, se encuentran los baños públicos y, más adelante, bajando una breve escalera, nos encontraremos con los jardines de la Cartuja (jardines del Rey Juan Carlos I), abiertos al público desde el mes de mayo de 1960. A lo largo de su recorrido podemos ver la casa Consistorial o Ayuntamiento. Estos jardines de planta rectangular, están poblados de abundantes cipreses, tejos y gran variedad de rosales y matas. Los caminos empedrados que recorren los jardines siguen un bello trazado geométrico.

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Este espacio fue en su día el patio del claustro, ideado para que los cartujos encontraran la paz del alma. Hoy en día es sin duda el mejor lugar desde donde admirar la imponente Cartuja. Diseminados por los jardines, descubriremos pequeños bronces que representan y testimonian el paso por éste lugar de sus más célebres residentes; el busto del archiduque Luís Salvador de Austria, el medallón del literato Rubén Darío, el busto del pintor modernista Santiago Rusiñol, el busto dedicado al universal compositor romántico Frédérick Chopin, siendo este último una donación de la escultora polaca Sofía Wolska al pueblo de Valldemossa.