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El Palacio del Rey Sancho

El Palacio del Rey Sancho

El Palacio del Rey Sanç se encuentra situado en la plaza de la Cartuja, uno de los lugares más bellos que cabe imaginar y que tiene el honor de haber recibido la visita de Reyes, Emperadores y Presidentes de todo el mundo.

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Delante de la iglesia parroquial de Santa Maria de Valldemossa, hacia el noroeste y en la colina del Pujol, en 1309, Jaime II hizo edificar este castillo como residencia de caza. Dos años después, su hijo, el príncipe heredero Sanç, amplió el palacio y lo dotó de agua corriente. Las obras de construcción y de ampliación fueron encargadas al maestro Guillem Cerdà, albañil y alcalde del pueblo. Los reyes, admirados con la nueva residencia, premiaron al maestro Cerdà y a sus descendientes con tierras libres de impuestos y diezmos.

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Jaime III también pasó algunas temporadas en el castillo. Esto suponía el traslado temporal de la corte a Valldemossa, a pesar de que el núcleo de población se mantuvo siempre más abajo, alrededor de la iglesia parroquial de Sant Bartomeu. En el año 1399, el rey Martín de Aragón cedió el antiguo palacio a los cartujanos para que fundaran su monasterio en Mallorca, en un ambiente de clausura. Los monjes transformaron la plaza de armas en claustro y cementerio, cinco salones pasaron a funcionar como celdas, la prisión se convirtió en refectorio, la despensa en sacristía, la cocina en iglesia y un almacén anexo en sala capitular.

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El de Santa María se edificó en los siglos XVI y XVII y es uno de los pocos claustros renacentistas de Mallorca. En las vertientes este y oeste se abrieron seis capillas para las misas privadas de los monjes, de las que queda intacta la primera. Al sur había nueve celdas y al norte la primitiva iglesia gótica, que desapareció en el siglo XIX, hoy sala de conciertos. Las pinturas son de R. Anckermann (1842-1907) y reproducen escenas de la historia de Valldemossa. En 1717 se inició la gran ampliación de la cartuja, con la construcción de nuevos corredores, nuevas celdas y nueva iglesia, aunque estas antiguas edificaciones siguieron utilizándose.

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Gaspar Melchor de Jovellanos, ministro de justicia del rey Carlos IV, fue desterrado por Godoy en 1801 a la Cartuja de Valldemossa, habitando esta celda de la planta noble de la torre dels Hostes, que fue construida en 1555 para defender al pueblo de los ataques moros. Entre estos muros de metro y medio de ancho, Jovellanos se inspiró para escribir su Instrucción pública. Una Historia de la Cartuja de Valldemossa y un diario que refleja su estancia aquí. Durante un año participó en la vida religiosa, en la decoración de la nueva iglesia, aconsejando a fray Manuel Bayeu sobre sus frescos y confeccionó con el hermano boticario un tratado de botánica. Finalmente y en vista de tantas atenciones fue trasladado al castillo de Bellver.

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Con la desamortización de Mendizábal, en 1835, se inició el proceso de desamortización y definitiva exclaustración de los cartujos, que se vieron obligados a dejar el monasterio. Éste pasó a manos privadas. Primeramente fue D. Juan Sureda i Bímet quien acometió una gran reforma al Palacio mallorquín, gran amante de las artes y las letras, fue ésta la época en la que esta primitiva Cartuja acogió a ilustres huéspedes, quienes contribuyeron a enriquecer su historia: Rubén Darío, Azorín, Unamuno, Santiago Rusiñol y Eugeni d’0rs.

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Tras este período y ya siendo su propietario D. José Mª Bauzá de Mirabó i Maroto, la Cartuja vive la transformación que explica la actual decoración, propia de una casa señorial de la nobleza mallorquina, hoy abierta al público.